La lluvia no cambia la ciudad de lugar, pero sí cambia la forma en que la vemos. Donde antes había una vereda gris aparece un espejo. Una luz cualquiera se convierte en una línea de color. El paso se vuelve más lento, casi sin pedir permiso.
Esta serie parte de una idea sencilla: salir a caminar sin la obligación de encontrar una gran fotografía. Mirar primero. Guardar la cámara de vez en cuando. Dejar que las imágenes lleguen después.
Lo que aparece cuando bajamos el ritmo
Hay esquinas que conocemos tanto que hemos dejado de verlas. Una ventana encendida, una bicicleta apoyada en la pared, alguien esperando bajo un techo demasiado pequeño. Después de la lluvia, todo parece tener un borde distinto.
A veces no hace falta ir más lejos. Basta con volver a mirar.

Un pequeño ejercicio de observación
Elige una calle que recorras a menudo y dedícale diez minutos más de lo habitual. Busca un reflejo, una textura y una sombra. No hay una foto correcta: el ejercicio consiste en prestar atención.


Estas imágenes acompañan un texto de demostración. No documentan una salida real del propietario de Blank. Son una invitación a pensar en las historias que caben en un paseo.

